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    “El Viejo” Coni, memoria y legado del rugby riojano

    En La Rioja, el rugby no nació de un día para el otro. Fue el resultado de años de esfuerzo silencioso, de personas que empujaron desde el anonimato para sembrar una pasión que hoy crece y se multiplica. Entre esos nombres aparece con fuerza el de Ricardo Coni Molina, “El Viejo” Coni, uno de los grandes constructores de la historia de este deporte en la provincia.

    Su recorrido no comenzó en tierras riojanas. Fue en Paraná donde dio sus primeros pasos como jugador, vistiendo la camiseta de Estudiantes. Allí, entre entrenamientos, viajes y partidos, no solo aprendió el juego, sino también los valores que definen al rugby: el compañerismo, el respeto y el sentido de pertenencia. Esa base sería clave para lo que vendría después.

    Cuando llegó a La Rioja, el panorama era muy distinto. El rugby era prácticamente desconocido, una disciplina que apenas asomaba en el mapa deportivo local. Sin embargo, lejos de ver una dificultad, Coni encontró una oportunidad. Con esfuerzo, convicción y muchas ganas, comenzó a compartir su conocimiento, a enseñar desde cero y a contagiar esa pasión que lo había marcado.

    En aquellos primeros años, los espacios eran limitados, los recursos escasos y los jugadores, pocos. Pero el entusiasmo suplía todo. Así surgieron experiencias como Chelcos, uno de los primeros pasos organizados del rugby en la provincia, donde un grupo reducido de apasionados empezó a darle forma a una disciplina que pedía crecer.

    Con el tiempo, ese impulso inicial se transformó en estructuras más firmes. El desarrollo del rugby encontró en el Club Social Rugby un punto de consolidación, donde la actividad comenzó a ordenarse y a proyectarse. Coni fue parte fundamental de ese proceso, no solo como formador, sino como referente y guía de nuevas generaciones.

    Pero más allá de los clubes y los nombres, lo que destaca en su relato es el espíritu de aquellos años: un rugby sin divisiones, sin diferencias, donde lo importante era jugar, aprender y crecer. “Sin distinción de color”, como él mismo lo remarca, en una época donde el deporte se construía desde la inclusión y el esfuerzo colectivo.

    Hoy, el rugby riojano vive una realidad muy distinta. Hay más equipos, más competencia y mayor visibilidad. Sin embargo, detrás de ese presente hay una historia que no siempre se cuenta, una memoria que vive en protagonistas como Coni, que no solo jugaron, sino que construyeron.

    “El Viejo” no habla desde la nostalgia, sino desde el orgullo. El orgullo de haber sido parte de los cimientos, de haber visto crecer una idea hasta convertirse en realidad. Su legado no está solo en los clubes o en los resultados, sino en cada jugador que pisa una cancha en La Rioja sin saber que, mucho antes, alguien abrió ese camino.

    Porque el rugby riojano, como toda gran historia, tiene sus pioneros. Y en esa lista, el nombre de Ricardo Coni Molina ocupa un lugar imposible de ignorar.

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