La Liga Federal de Básquet entra en horas decisivas. Con plazo hasta el viernes para confirmar la participación, los clubes viven una verdadera cuenta regresiva en la que no solo se evalúa lo deportivo, sino —y sobre todo— la viabilidad económica de competir en el tercer escalón del básquet argentino.
Inscripción, arbitrajes, traslados, alojamiento y logística general conforman una ecuación cada vez más compleja para instituciones que, en su mayoría, se sostienen con esfuerzo propio, apoyo local y recursos limitados. En ese escenario, la decisión de jugar o no la Liga Federal se transforma en un verdadero ultimátum institucional.
“No es solo querer jugar, es poder hacerlo”, reconocen desde distintos clubes del interior, donde el formato federal implica viajes extensos y costos difíciles de absorber sin respaldo económico sólido. La ilusión deportiva choca, una vez más, con la realidad presupuestaria.
El certamen representa una vidriera clave para jugadores, entrenadores y proyectos formativos, pero también exige un compromiso financiero que muchos clubes analizan con lupa. En varios casos, las dirigencias mantienen reuniones contrarreloj para definir si el esfuerzo vale la pena o si es necesario priorizar la estabilidad institucional.
La Liga Federal, pensada como un torneo de desarrollo y crecimiento, vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: ¿hasta dónde puede llegar el sacrificio de los clubes del interior para sostener la competencia?
Con el reloj corriendo y el plazo final cada vez más cerca, las próximas horas serán determinantes. El viernes no solo se cerrará una lista de participantes, sino que quedará expuesta, una vez más, la realidad estructural de un básquet federal que sigue dependiendo del esfuerzo y la resiliencia de sus clubes.

