Hay clubes que se fundan. Güemes, en cambio, nació del sentimiento.
El Club Sportivo Güemes cumple 82 años y no es solo un aniversario: es volver al barrio, a las tardes que quedaron guardadas para siempre, a las voces que todavía parecen escucharse aunque el tiempo haya pasado. Güemes es eso que no se puede explicar del todo, pero que cualquiera que haya pasado por el club alguna vez entiende sin necesidad de palabras.
En el inicio de todo aparece Celso Sánchez, el primer presidente, el que se animó cuando no había nada, cuando se comenzaron a levantar los ladrillos que dieron inicio a la historia, y todavía se recuerda a los niños jugando, a quienes hicieron, hacen y harán grande al club. Desde ahí empezó a latir algo que nunca más se detuvo.
Con los años, ese latido tuvo nombres que lo sostuvieron en silencio. Benjamín Montivero y Josefa “Lita” Asís representan como pocos ese amor incondicional por el club: estuvieron siempre, en cada día, en cada necesidad, cuando había que abrir, cuando había que cerrar, cuando había que quedarse más tiempo del que marcaba el reloj. En los momentos felices, pero sobre todo en los más duros. Ponían plata de su bolsillo, sin pedir nada a cambio, solo por el amor al club. Y en ese gesto, repetido tantas veces, está la esencia de Güemes: dar sin esperar, sostener sin mostrarse, querer sin condiciones.

A su lado, dirigentes como Juan Fernando “Yony” Díaz, Gustavo “Pocho” Mercado, Mario Antonio “Peligro” Carrión, José “Pepe” Pioli, Rolando “Roly” Brizuela, Ramón Brizuela, Aldo Moreno, Alberto Pérez, Antonio Garretón, Elpidio Brizuela, Carlos Asís, Fernando Ríos, Luis Pioli, Don Pedro Endrizzi, el doctor Zalazar —recordado tras su fallecimiento en un accidente—, doctor Morillo, Tomás Munuce y el “Chino” Lattuca, entre otros, también dejaron su huella, formando parte de una historia colectiva que se construyó entre muchos, pero con un mismo sentimiento.
En ese camino, cuando faltaban recursos, apareció el ingenio y la unión. Telesforo “Foro” Asís creó “La Gauchita”, y esos bingos no eran solo una forma de recaudar: eran el club de pie, eran manos que se unían para seguir. Con ese esfuerzo se levantó la cancha, ladrillo a ladrillo, con una iluminación que para la época era de las mejores, tanto que se decía que se podía hacer boxeo televisado sin agregar luces. Era el orgullo del barrio hecho realidad.
Dentro de la cancha también hay memoria que emociona. En los primeros años quedaron nombres como Rolando Brizuela, José Pumares, José Caliva, Armando Montivero, “Caco” Asís y Humberto Arias, protagonistas de un básquet que se jugaba con el alma. Más adelante, cuando Güemes competía en la Asociación de Básquet y los campeonatos eran oficiales, la historia siguió creciendo con Jorge Munuce, Antonio Carrión, Juan Carlos Olivera, “Chiquillada” Toledo, Horacio Montivero, quien supo reforzar al Club Riojano y se consagró campeón argentino juvenil, siendo el único de Güemes en lograrlo, Oscar y Pablo Pizarro y Luis Rojo, todos parte de una identidad que se sostuvo en el tiempo.

Y hay un momento que el tiempo no pudo borrar: el Apertura 1990. Un título que algunos no validan, pero que en Güemes nadie olvida, porque lo que se vivió ese día quedó para siempre en la memoria del barrio. Esa noche el barrio se vistió de fiesta, el barrio festejó, el barrio lloró, pero de emoción, Güemes fue el mejor equipo de La Rioja. Aquel equipo tuvo nombres que hoy son bandera: Oscar “Cachete” Pizarro, Juan Olveira, Miguel Varela, Leonardo Paz, Daniel Vergara, Pablo Pizarro, José González, Pablo Campos, Gustavo Beccán, Daniel Yáñez y Radul Vedia, dirigidos por Carlos Ortiz. Ellos hicieron historia. Y esa historia no se borra.

A 82 años de aquel comienzo, el club sigue adelante, hoy bajo la conducción de su actual presidente David Araya, con una comunidad que no dejó de empujar nunca. En ese camino aparece un sueño que atraviesa generaciones: la cancha techada. Porque la cancha está, porque el club está, pero ese techo que tantas veces fue prometido todavía espera, como una deuda pendiente que duele, pero que no apaga la ilusión.
Güemes llega a este aniversario siendo lo que siempre fue: barrio, pertenencia, historia viva. Un lugar donde cada recuerdo emociona, donde cada nombre tiene valor, donde cada historia sigue latiendo. Porque después de 82 años, hay algo que no cambió: Güemes no se explica, se siente… y el que lo vivió, sabe que es para toda la vida.

Y esa historia no quedó en el pasado: al día de hoy, un grupo de veteranos del básquet del club se sigue reuniendo todos los sábados, compartiendo anécdotas, risas y recuerdos, como si el tiempo no hubiera pasado, como si Güemes siguiera siendo ese mismo lugar donde todo comenzó. Es una juntada amplia, donde muchas veces también se acercan personas que supieron defender otros colores, pero que igual son bien recibidos, porque en Güemes siempre hay lugar para el que ama el básquet y entiende lo que significa el club.
Porque en definitiva, Güemes no es solo lo que fue, ni siquiera lo que es: es lo que queda en la piel. Es ese nudo en la garganta cuando se lo nombra, es ese orgullo silencioso que no se explica, es ese amor que pasa de generación en generación. Y mientras haya alguien que lo recuerde, que lo sienta, que vuelva un sábado a compartir una historia… Güemes no va a dejar de existir nunca.


